Los documentos de la represión

Memoria y documentos son también dos términos y conceptos inseparables. Por una parte la memoria es la capacidad para retener y recordar algo, pero por otra parte también se denomina así al documento que pretender dejar constancia de lo sucedido en un periodo, institución etc. (memoria anual, de actividades…). A su vez el documento puede entenderse como el recurso empleado por la sociedad para dejar memoria de algo que ha ocurrido, ya sea para probarlo o para transmitir ese suceso o hecho a otras personas presentes o futuras. Por ello los documentos son la base de la historia, son testigos de lo que pasó y nos lo narran tal y como lo hicieron a las personas afectadas por ellos.

Los documentos escritos son la fuente principal de la historia y aquí presentamos una brevísima selección que pretende mostrar cómo fue esa represión en múltiples aspectos de la vida y de la muerte.

La Depuración

Tras la entrada en una población de los franquistas los funcionarios públicos debían demostrar a los vencedores que no habían sido rojos, ni habían actuado contra la unidad de España o el Movimiento Nacional. El mero hecho de simpatizar con la República y sus ideales podía suponer verse “depurado”, pudiendo acabar sin su trabajo, e incluso sin sus bienes o encarcelado. Había que “limpiar” la Administración de republicanos y para ello se abrieron expedientes con declaraciones juradas, interrogatorios, informes de terceros sobre la persona y su actividad en tiempos republicanos, etc. sólo así se podría seleccionar a los afectos a la causa de España para trabajar como funcionarios.

Como puede observarse en los ejemplos que se exponen no todos los expedientes fueron negativos para el investigado, pues a través de ellos unos perdieron su trabajo, pero otros lo recuperaron por haber abandonado sus funciones durante la República.

Detención, prisión y muerte

La represión durante todo este periodo se fundamentó en los gobiernos locales y en los grupos y personas que los sustentaban. Ellos fueron los encargados de aportar los nombres de las personas afectas a la República para su detención y enjuiciamiento. La represión no la hizo el sistema, sino personas del propio entorno de los acusados.

Durante los primeros momentos de la Guerra Civil hubo una más que significativa represión en la retaguardia republicana de todos aquellos que se consideraban enemigos de la República (sacerdotes y religiosos en general, labradores ricos, empresarios, militares sublevados o acusados de sublevación…) La falta de capacidad del Gobierno Central republicano facilitó la aparición de los Comités Ejecutivos Populares, que además de las expropiaciones, confiscaciones, sindicalización de industrias, etc. se encargaron de la represión en retaguardia de todo aquel potencialmente peligroso. Este denominado terror rojo, que se conoce por los “paseos”, las “checas”… fue finalmente dominado y controlado por el Gobierno Central, que lo sustituyó a partir de marzo de 1938 por mecanismos más acordes a un gobierno republicano. Gobierno que había puesto en marcha fuertes medidas de centralización para recuperar el poder en las calles. Posteriormente se castigó a los derrotistas, a los quintacolumnistas y a aquellos que renegaban de la continuación de una guerra que cada vez tenía más claro su final.

La dura represión llevada a cabo por los republicanos puede decirse que se caracterizó por ser ejecutada por grupos afectos a la República, pero que no actuaban por orden del Gobierno, más bien el Gobierno era incapaz de controlarlos; y por realizarse en tiempos de guerra, aunque se llevara a cabo en la retaguardia.

Por el contrario la represión puesta en marcha por los sublevados se haría fundamentalmente una vez finalizada la guerra y se mantendría durante muchos años después. Además estuvo dirigida y ejecutada por el Gobierno a través de sus representantes locales y los cuerpos de seguridad y el ejército. Frente a la falta de juicios en muchos de los fusilamientos llevados a cabo por grupos de la Columna de Hierro o la CNT, el franquismo respondió con farsas judiciales y juicios sumarísimos en los que la falta de garantía jurídica para el acusado era total. De hecho el bando de guerra de 1936 fue mantenido por Franco hasta 1948, lo que permitía a los militares juzgar en tiempo de paz mediante Consejo de Guerra a cualquier encausado. Son estas diferencias, llevarse a cabo en ausencia de un conflicto bélico y de forma controlada por el Gobierno, las que hacen mucho más inhumana la represión franquista.

Exhumaciones
Exhumaciones e intentos de identificación en diciembre de 1939 de los fusilados por los republicanos en Torrejón de Ardoz para su posterior traslado al cementerio levantado en Paracuellos.

 

Las exhumaciones de los fusilados por ambos bandos evidencia el diferente trato recibido por los españoles, incluso después de muertos. Mientras aún hoy muchos ponen en duda el objeto de exhumar las fosas de los republicanos asesinados en tiempos de paz, los muertos por actuaciones de grupos republicanos pudieron ser exhumados gratuitamente por orden del 6 de mayo de 1939 y posteriormente por orden de 1 de mayo de 1940. Así los muertos en las cunetas y en fosas del bando sublevado pudieron ser trasladados y descansar junto a sus familiares, mientras que para el bando republicano esta actuación humanitaria para con los familiares de los fallecidos fue negada hasta la transición y aún hoy muchas familias siguen esperando que haya una excavación por parte de la Administración para poder recoger los restos de los muertos en defensa de su ideal político.

La “otra” represión

La represión ejercida por el régimen no sólo se limitó a encerrar y fusilar. Se trataba de castigar a los republicanos tanto directamente con la cárcel o la muerte, como indirectamente a través de sus familias. También su vida después de la cárcel se vería afectada por la discriminación. Bajo este epígrafe se incluye toda aquella represión que afectó a multitud de españoles, como las multas económicas, los cambios de nombre, las órdenes para que las viudas e hijas de republicanos limpiaran espacios públicos e iglesias, la petición de dinero para restaurar iglesias, etc.